martes, 6 de diciembre de 2011

Y quizás de ti.

Quizás, tan solo quizás lo haga. Puede que llegue a escribir acerca de ti, aunque me sería realmente complicado hacerlo con coherencia. No podría plasmar, en ninguna superficie existente, ya sea piedra, un lienzo, una hoja o en mi piel, ni un pequeño porcentaje de lo que me gustaría expresar.
Sabes cuantas sensaciones, cuantos sentimientos, cuantas expresiones he obtenido junto a ti? Sabes cuantas lagrimas he derramado junto a ti, cuantas sonrisas, cuantos suspiros y cuantas miradas de complicidad me has dado la oportunidad de obtener? No podría decírtelo, con ninguna seguridad. Han sido muchísimos momentos, muchos errores, muchas sorpresas, ha sido toda una odisea, marcada con tu sempiterna alegría, tus enfados tempestuosos, mis pueriles errores, nuestras tardes tirados en cualquier lado abrazándonos, pensando en el eterno presente, en los frágiles instantes que se transforman en toda una vida, y tan solo han podido transcurrir apenas unos segundos.
Quizás, repito, tan solo quizás, lo haga. Quizás narre nuestra vida en cuatro palabras, las suficientes para esculpir mi epitafio una vez que mi momento aquí cese. Cuatro insignificantes palabras son suficientes para hablar sobre toda una vida? Claro que no, pero cuatro palabras son suficiente para sintetizar toda una novela, cuatro palabras sirven para darle nombre a una guerra, a todo un siglo, para darle un título a algún libro.
Y es por esta razón por la que me resulta tan complejo dedicarte mas de cuatro palabras. No se puede escribir sobre una historia que aun no ha terminado. Y ni siquiera finalizada es fácil narrarla.
Ten fe en mi.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Y dejé rasgar mi atemporalidad por siquiera un instante.

Los tímpanos florecieron como suculentas rosas de floresta virgen. Mi aliento se transformó en algo mas veloz que una golondrina en pleno vuelo, y de mis dedos empezó a brotar dolor, absurdo, risa, fantasía de intelectuales venidos a menos. Intermitentemente reacciones químicas en algún lóbulo de mi cabeza, qué se yo, me hacían moverme, víctima de mi espasmo inspiratorio, saltando de un párrafo para otro, vomitando prosaicos y lujuriosos seres venidos de mas allá del esperpento de Max Estrella. me sentía poseído, esa luz que de mi nacía, ese brillo de doctor chiflado, esa sonrisa de chiquillo que acaba de matar a su mejor amigo por un puñado de dólares, esa injusticia anónima que me producía jugar con las palabras, caldo de sabiduría y empeño, licor destilado de las sinapsis de mis neuronas.
No. ya no podía parar. la música, in cresccendo, o lo que quisiera ser aquello, me impedía detenerme, debía continuar, ese sonido, esa voz, esa sirena mortal que sonaba como el trino del diablo me maravillaba y aterraba a partes iguales. Mis ojos ya hacía tiempo que se habían escapado de sus órbitas para poder unirse a mis falanges en aquella danza mortal.
Al cabo de un momento, la música cambió su velocidad, y su potencia. Aún sin ojos sabía exactamente qué estaba plasmando frente a mi. Mis dos esferas oculares me guiaban sin reparo por el mundo de la invidencia demencial. Me relajé unos instantes, la tempestad de notas musicales estaba por llegar. Temía que granizasen corcheas, pero seguía corriendo por el campo de lo intrínsecamente bizarro. Ahora notaba como mi cuerpo se deshacía de mi, Y lo veía huyendo, dejando tras si un reguero de ideas delirantes encharcadas de sangre.
las sirenas habían vuelto. Estallaba una guerra en mi cabeza. Los cañones sonaban, y mi mente se balanceaba entre las nubes de azufre como un enfermo se retuerce de dolor en la cama, solo que con una suavidad digna del mismo Paganini al ser poseído por Belcebú. Los sonidos, la irracionalidad, todo rondaba macabramente, y yo reía, y todo se cernía mas y mas, y no paraba de gritar el nombre de algún dios que nunca llegó a conocer el hombre, hasta que, víctima de una brutal sobredosis de innata inspiración, la consciencia se esfumó, estallo de la forma mas asquerosa y horrenda posible, llenando de viscerales pensamientos y pus de ideas a todos los niños que se habían congregado a mi alrededor.
Descartes estaba equivocado. En ocasiones pienso. Y es en esos momentos cuando verdaderamente no existo.

martes, 1 de noviembre de 2011

Y él tenía un presentimiento.

Pero no sabía acerca de qué, y desesperaba mientras la mente, en conjunción con el corazón se afanaban en buscar la respuesta. Su temor mas grande, el cambio. La soledad. El autoengaño, la culpabilidad. Todas estas fobias se agolpaban en la entrada a su mente como si de gente esperando al día de las rebajas se tratase. No quería volver a recaer en esa etapa catastrófica por la que ya había pasado. Se había prometido a si mismo tiempo atras no caminar por el post-apocalíptico yermo de la esquizofrenia solo. Nunca mas. Y no lo haría.
Eran las 4:05 de la madrugada, y suponía que su profético presentimiento ya estaba teniendo lugar. Sus ojos se afanaban en releer lo que su mente componía y enviaba a las teclas, mientras que su boca susurraba de manera imperceptible el párrafo recién redactado.
"Que sería?" Se volvió a interrogar entrecerrando los ojos. "¿De que se tratará ahora?". Por mucho que tratase de sacar una conclusión clara, absolutamente nada encajaba con sus temores.
Y de pronto, se dió cuenta. Se paró en seco, y sonrió fugazmente. Tras meditar unos instantes comprendió que no hacía falta ser un genio para entender de que se trataba su presentimiento. Tragó saliva y se dispuso a teclear.
"La vida es un conjunto de cambios, es mutación eterna. El principio de una etapa nueva no quiere significar el final de otra, es mas, acaba tratándose de algo complementario. No hay que tenerle nunca miedo al frío, ya que, en la noche mas gélida encontrarás a alguien que te arrope, ni tampoco a las sombras que se ciernen ahora con mas velocidad sobre nosotros, pues ahora es el momento de encender hogueras para ahuyentar a los malos espíritus. Y lo mas importante, por muchos inviernos que pasen, tengo la total seguirdad de que permanecerás a mi lado, acompañándome en mis excursiones hacia el vacio o mi adicción a la niebla, por que sé que a ti también te fascinan estas aficiones. Y es que te llevaré conmigo, y aunque cueste admitirlo, nunca lograrás deshacerte de mi".

jueves, 13 de octubre de 2011

Y lo siento, pero cada vez el mundo se hace mas grande o yo mas pequeño.

Y si esto sigue así, no se donde acabaré. La abrumadora consecuencia de mi cavilación da lugar a explosiones en mi hipotálamo. Tan potentes que anulan mi capacidad de dormir. No se ya ni plasmar mis ideas con mínima organización, ni escupir mi inspiración de manera inteligible, ya no se escribir poemas acerca de la soledad, ni teclear correctamente la palabra que busco con tanto ahínco en mi cabeza.
Todo muta. Todo se vuelve hostil, y lo que no lo hace, es el único salvavidas que te mantiene a flote en esta degenerada composición. Todo sigue fluyendo, y mi barca encalla en un arrecife de silencio, mientras la corriente empuja a otras embarcaciones hacia puertos nuevos e inexplorados. Tantos barcos desaparecen, mirando a la borda, en el horizonte, que ya no se me ocurre aguardar su regreso, ni esperar por noticias del otro lado de la charca.
Pero aqui estoy. En un bote de auxilio que hace aguas, hundiendome bajo el peso del pensamiento. Y no tengo miedo, no me asusta que me engulla un oceano basto y oscuro, pues se dice que en lo mas profundo del mar, se hayan mejores y mayores tesoros que en la superficie. Os lo grantizo.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Y al final, me digné a volver.

Y tras casi un año cogiendo polvo y criando telarañas, retomo (de una manera más casual) este rincon de mala muerte, sordido reflejo de mi yo en internet.
Y digo sórdido, por que realmente, la persona que hay al otro lado de la pantalla no es un amargado Baudelaire, que consume su vida mientras compone trágicos versos para el día de su muerte, como a veces logro asemejar. Realmente la dicotomía autor/escrito está fuertemente condicionada por la situación emocional, económica o sociológica en la cual se encuentre la persona que escribe, y estos factores influyen de manera clave en la forma de narrar cualquier suceso. Cualquier hecho, por mas cotidiano que sea, será descrito de manera melodramática si el autor pasa por un momento malo. De manera contraria, si la reina fortuna le sonríe este se mostrara locuaz y alegre, divagando acerca de cosas triviales, pequeños gestos y cosas que al lector le logren arrancar una sonrisa de complicidad.
Asi pues, esa retorcida y sombría imagen que daba de mi persona no es mas que un esperpento, un espejo cóncavo que deforma y esconde el perfil original. Ahora, creo que tan solo escribiré de tazas con capuccino, coches amarillos, palomitas con extra de sal, y quizá de ti.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Y salí a fumar.

Y tambien a meditar. Atravesé el umbral que daba al porche, y con la parsimonia de un monje budista, saqué de mi bolsillo la arrugada cajetilla de cigarrillos chesterfield, y el desgastado y azul mechero. Era tarde, muy tarde, y entre los retazos de deshechas nubes tormentosas timidamente se asomaba la blanquecina y fría luna llena, en su explendor invernal. Prendí el mechero y lo aproximé al cigarro que ya se sujetaba entre mis labios. El tabaco, al hacer contacto con el encendedor, empezó a arder con voluptuosidad para luego transformarse en jirones de humo.
Había un silencio sepulcral, casi como el que se siente al entrar en algunos edificios de gran majestuosidad, tales como catedrales u olvidados palacios de otras explendorosas épocas. Por ello, el crepitar del papel al verse consumido por mis
largas caladas sonaba casi como la percusión tribal de algunas tribus abandonadas por el tiempo y el espacio.
Mientras todo esto tenía lugar, este costumbrista acontecimiento que se produce incontables veces a lo largo del transcurso del día, yo tenía la cabeza posada sobre un maravilloso recuerdo. Un rostro, hermoso y enigmatico, me turbaba constantemente. Sus labios, carnosos y suaves, me venían a la cabeza de nuevo, unos labios en los que cada noche posaba los mios, para despertarme de nuevo y darme cuenta que tan solo era un sueño demasiado real. Sus ojos, oscuros, grandes y profundos, me arrastraban consigo como un potente agujero negro, y a la vez me cegaban con la potencia de un quásar. Su pelo, ah, su pelo. Una nebulosa en formacion, una tormenta en medio del atlántico, ¿Como describirlo?. Su piel, bronceada y lisa, poseedora de una belleza exótica.
Todo este caótico conjunto, ordenado con la perfección de la medida aurea, multiplicaba exponencalmente la atracción que sentia hacia ella. Era como una musa platónica, algo tengible pero a la vez de ascendencia divina, algo que es mejor no tocar por miedo a intervenir en tan perfecta composición.
Mientras componía estas quimeras en mi cabeza, el cigarrillo terminó por consumirse. Arrojé la colilla a un lado, y volví a entrar con una sonrisa de oreja a oreja, como un niño cuando le regalan una bici nueva.
Cerré la puerta, y miré la hora. El jardín de las delicias me esperaba perdido en los dominios de Morfeo.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Y mírate.

No lo ves? Eres una caricatura, un esbozo, una parodia de lo que un dia fuiste, un pedazo de barro despojadod e toda forma, un peluche sin su relleno.
Lo quieres ver? Lo quieres ver o no? Ya no eres mas que un títere de lo que siempre quisiste ser.
Nada. No eres nada. Te muestras valiente, sin complejos y fuerte ante los demas, pero estas deshecho. Eres irrecuperable, una pieza de porcelana única rota en mil pedazos.
Ese eres tu, un error en la vida de los demas.
*Monólogo con un espejo*